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sábado, 26 de noviembre de 2011

"Mi pequeño amigo.."






Hace unos días me acerqué a la playa dispuesta a gozar del buen tiempo que tenemos.
Estaba comenzando a leer un libro, cuando algo distrajo mi atención.
Aparté la vista del libro fijándome en que podría ser…
¡En el agua había algo que saltaba!
Cuando intentaba ver lo que era asomándome a la orilla... eso se escondía.
Por un momento quedé con la cabeza quieta y erguida, como si de una estatua se tratase,
Y ahí estaba...era un pequeño delfín deseando jugar... insinuándose para que yo lo pudiese ver.
Así que al verlo intenté bajar de la roca en la que me encontraba, con tan mala suerte que la toalla que tenía bajo mis nalgas echó a volar acabando en el mar.
Me daba pena perder esa toalla que me había costado tanto... pero como no sabía nadar, di por hecho su perdida.
Mi sorpresa fue cuando vi que la toalla venía hacia mi a una velocidad increíble...¡yo sabía que las olas del mar no la podrían traer de esa forma!
De un salto la toalla salió disparada por el aire, cayendo en la misma roca en la que yo estaba.
¡Mi asombro era tal… que no podía creer lo que  estaba viendo!
Ese pequeño delfín me había lanzado la toalla como si supiese que me apenaba perderla.
Me parecía tan fascinante lo que me estaba a suceder que estuve callada para que nadie estropease ese momento.
Después de hacerme con la toalla ,como estaba empapada la puse en cuatro palos a secar.
En ese instante noto como se acerca a la roca  provocándome así un pequeño susto!
Como veía que saltaba y saltaba haciéndome monadas,me acerqué a él...dudando si tocarlo o no, así que poco a poco me animé con timidez...
Mi mano ya estaba en contacto con su piel…¡era increíble!
Él tenía tantas ganas de jugar, que saltaba y saltaba  haciéndome partícipe de su juego.
Por mi parte estaba que no me  creía lo que me estaba a pasar…tanto que el desconocimiento por el animalito me hacía dudar de hasta que punto él estaría dispuesto a soportar mis caricias, (pues a lo desconocido siempre existe un cierto recelo...)
A medida que nos acercábamos uno al otro, más nos gustaba el juego, como si entre nosotros hubiese una complicidad y supiésemos de antemano que estábamos seguros uno junto al otro, y que nada nos iba a pasar…
Así que al poco rato la confianza fue mutua.
No se decir el tiempo que estuvimos así…
Solo que cuando miré a lo lejos, allí estaba otro pequeño delfín...que aparentaba indicarle que el tiempo de juego se había terminado.
Como si de una despedida de amigos se tratase...me ofreció junto con su pareja...¡un espectáculo hermosísimo!
Los dos se alejaron, quedando en mi retina esa imagen inolvidable con esa puesta de
sol y los dos delfines, dejándome con la esperanza de que algún día... volverían a mi.