Esa noche, era de esas noches que no me apetecía demasiado cenar...pero mis dichosas tripas estaban de fiesta ,así que no hacían más que hacer unos sonidos que casi no dejaban que pudiese centrarme en lo que estaban poniendo en la tele.
Como a los niños que hay que darles algo para que se callen, me dirigí a la cocina y así ver lo que podría comer...
Como soy de plato caliente (quiero decir que de embutidos y demás... nada de ná), comencé mirando en la nevera para ver si tenía alguna que otra "sobrilla" guardada.
La verdad es que la pobre estaba bastante desolada...cuatro cervezas, un yogur, y si... tenía una poca fabada del día anterior, pero claro...después de la orquesta que ya tenía en mi cuerpo,¡ no iba aún encima engullirme un plato de fabada!
También había una lata de anchoas y un huevo..., cosa que en un principio descarté las dos opciones, pues las anchoas…¡demasiado saladas!, cosa que después me harían beber durante toda la noche... y el huevo, me suponía cocinarlo, y además un huevo solo...¡dudé en si mis tripas se callarían con tan poca cosa!
Eché un vistazo a todo lugar dónde podría guardar comida... allí me encontré con alguna que otra lata de sardinillas en aceite de oliva, mejillones en escabeche, atún, espárragos ,o sea..., que... ¡ná de ná!, no había nada que me apeteciese, pero aquel ruido en mi cuerpo, seguía y seguía...
Así que...de todo lo que tenía, fue el huevo por el que me decidí, pero aún así, pensando que solo era un huevo, y no daba para mucho...
Abrí la nevera y allí estaba ,tan morenito,!era de corral! de la casa de mi suegra, ¡hermoso era aquel huevo...!
Cogí una sartén...puse aceite...y a medida que estaba haciendo la" mise en place" (término que se usa en la cocina para la preparación de los materiales a utilizar antes de cocinar), iba pensando en que un buen trozo de pan mojadito en el huevo, era una muy buena opción, ahí que... ¡la boca ya se me estaba haciendo agua!, y... ¡ya se me estaba abriendo el apetito!
Cogí una sartén...puse aceite...y a medida que estaba haciendo la" mise en place" (término que se usa en la cocina para la preparación de los materiales a utilizar antes de cocinar), iba pensando en que un buen trozo de pan mojadito en el huevo, era una muy buena opción, ahí que... ¡la boca ya se me estaba haciendo agua!, y... ¡ya se me estaba abriendo el apetito!
Ahora... ya sólo era cuestión de encender el fuego y ¡hala! ya estaba.
Miré si tenía todo... espumadera, plato y huevo,-¡perfecto! -me dije...
Nada más poner el huevo en la sartén, aquello comenzó a hacer pequeñas explosiones, como diciendo...
-¡¡o me sacas, o te la armo!!
¡Y vaya si la armó!, aquél huevo de mi suegra, ¡me estaba haciendo la guerra!, por mucho que quisiera apagar el fuego, aquel condenado no me dejaba, cada vez que asomaba la mano para pulsar en la pantallita táctil de la vitrocerámica, el dichoso huevo hacía una pequeña explosión ,así que… ¡miedo me daba acercarme!, pero en cuestión de segundos el muy hijo de...hizo ya su espectacular salto al techo.
Como si de un cohete se tratase, salió disparado, quedando sus trozos pegados y colgados por toda la campana extractora, dejando resbalar su yema aún blanda por azulejos y mueble.
-¡Joder...joder...joder...!-me dije- (palabras nada utilizadas en mi vocabulario...pero el trance lo requería...)
Me veía con la ropa salpicada de aceite...la rabia que sentía hacia el huevo era tal... que le eché la culpa ¡a mi suegra!
Cuando me proponía a limpiar todo aquel estropicio, escucho las llaves de la puerta...¡ mi marido!, no podía ser, aún encima él...
Así que...apenas asomó su hocico por la puerta de la cocina, que...¡descargué toda mi furia contra él, el huevo y su madre!
Él (mi marido),¡no entendía nada! el espectáculo de aquella cocina era tal... que creyó que me había vuelto loca de remate...
Después de pasarme un buen rato limpiando y con lo agotada que estaba… los ánimos se fueron calmando...así que llegué al salón como si nada hubiese pasado...
Me senté en el sofá al ladito de mi marido...lo cogí de la mano...,mientras él, acongojado me miraba de reojo con cierto recelo,sin mediar palabra, y yo... con lo rendida que estaba... me quedé dormidita en su hombro, eso sí, sin cena...¡ y con las tripas de fiesta!
